jueves, 4 de octubre de 2012

¿Identidad institucional, imagen o identidad visual?


Estos tres términos muchas veces son usados indistintamente, cuando en realidad señalan cosas bien distintas.

La identidad institucional muchas veces se confunde con la identidad visual de una empresa: su isologotipo, colores, tipografía y el conjunto de elementos visuales que están siempre asociados a una marca.  Podemos decir que esta última forma parte (y una parte importante) de la identidad institucional, pero su desarrollo es, por lo general, posterior.

Cuando hablamos de identidad institucional, hablamos del conjunto de características y atributos específicos de una organización. Este conjunto abarca ampliamente lo que la empresa es a nivel interno y externo, su cultura organizacional, sus productos, su forma de comunicarse, todo lo que está representado en la misma.  En cambio, cuando hablamos de imagen institucional, nos referimos a la percepción que un público determinado tiene de la misma empresa. En el mejor escenario para esta última, ambas coinciden.

Un error bastante común es querer empezar de cero con el diseño de la identidad visual. Por más que un diseñador haga un muy buen trabajo, si no ha existido una instancia de definición de la identidad institucional, lo que tendremos es un logo o un sitio web muy bonito e incluso funcional, pero que no podrá comunicar mucho sobre la empresa. Lo cual no quiere decir, por su puesto, que estos dos aspectos –identidad institucional y visual– no puedan trabajarse juntos.

Un factor importante es considerar que es necesario que la identidad institucional no sea “mentirosa”. Para esto hay que trabajar en la identificación de los atributos reales de la empresa, su cultura, su misión, visión y objetivos, y en la mejor forma de comunicarlos, a través de sus fortalezas y de aquello que los diferencia de la competencia. Por poner un ejemplo, si tomamos una Pyme, compuesta por diez o quince empleados jóvenes (supongamos, que desarrollan software), e intentamos transmitir que se trata de una compañía grande con atributos como seriedad, trayectoria, solidez, estaremos equivocándonos, porque nuestro público se sentirá rápidamente defraudado y esto incidirá en una imagen negativa.

Por esto es importante dar estos pasos en el orden que corresponde y prestarle atención a la identidad institucional: la inversión que puede llevar su desarrollo rendirá mayores frutos que si se intenta “saltar” pasos para ahorrar esfuerzos, porque en el largo plazo se obtendrán resultados negativos y se necesitará volver a empezar.

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

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